Tres paradas ruteras imperdibles

Hay sitios que, viaje tras viaje, se nos cruzan por el camino, nos llaman la atención, y que pensamos «la próxima freno», pero ese momento nunca llega. Acá te comparto tres de esos lugares, que seguramente los cruzaste mil veces y nunca frenaste o que quizás ni siquiera sepas de su existencia.

Cristo del Camino – General Madariaga

Sobre la Ruta 56, en el acceso a General Madariaga, se alza imponente una estatua del Sagrado Corazón de Jesús. Con 12 metros de altura y 6 metros entre los brazos, esta réplica de la imagen del Parque Temático Tierra Santa de Buenos Aires.

Es una parada obligada para quienes transitan hacia la costa atlántica, ofreciendo una oportunidad para conocer un pueblo con rica historia y tradiciones.

¿Qué más podes hacer en General Madariaga?

Visitar el Museo Histórico del Tuyú, el guardián de la memoria de General Madariaga. Inaugurado en 1986 dentro del edificio de la estación de tren, pero desde 2007 funciona en una casona típica de principios del siglo XX, restaurada para recuperar el espíritu original de aquellos tiempos. La arquitectura conserva la esencia de antaño: habitaciones conectadas entre sí, todas con salida a una galería y un patio central que invita a recorrerlo con calma.

El museo está dividido en dos áreas: una muestra permanente que narra la historia del Tuyú —desde los primeros pobladores, las grandes estancias y la llegada del ferrocarril, hasta el remate de tierras que dio origen al pueblo, la inmigración y la vida comercial e institucional de la zona— y un espacio dedicado a exhibiciones temporales que se van renovando según distintos ejes temáticos. Entre las salas más destacadas se encuentran una réplica de una pulpería y otra especialmente dedicada al músico Argentino Luna, con objetos personales donados por él mismo.

Además de conservar el patrimonio, el museo se propone como un espacio vivo y educativo. Ofrece visitas guiadas y charlas temáticas en jardines y escuelas, con materiales didácticos pensados especialmente para cada edad. Durante el verano organiza encuentros para hablar sobre la historia regional y, en las vacaciones de invierno, invita a los más chicos a participar de juegos, búsquedas del tesoro y actividades recreativas que combinan aprendizaje y diversión.

Más información

  • Dirección: G. Martínez Guerrero 1649. Tel. (02267) 55-5501.
  • Horario verano (del 15 de diciembre al 14 de marzo). Lunes a viernes 8 a 13.00 hs. Sábado, domingo y feriados 17 a 20 hs.
  • Horario invierno: (del 15 de marzo al 14 de diciembre). Lunes a viernes 8 a 13.00 hs. Sábado, domingo y feriados 15 a 18 hs.
  • Entrada libre y  gratuita. 

¿Cómo llegar?

Almacén El Pato – Brandsen

En el kilómetro 34 de la Ruta Provincial 215, en la localidad de Gómez, se encuentra el almacén «El Pato». Con más de 100 años de historia, este almacén de ramos generales ha resistido el paso del tiempo y la modernidad.

Quienes transitaron alguna vez esta ruta camino a Brandsen, seguramente se cruzaron con una construcción que sobresale en una esquina, justo en una curva a la altura del kilómetro 34, en la entrada a la localidad de Gómez. Lo que a simple vista parece una vieja pulpería es, en realidad, un almacén con más de 130 años de historia, conocido popularmente como El Pato.

El negocio fue adquirido a fines de los años 80 por Dalmiro Pascal y hoy lo administra su hija, Elisa —conocida como Tita— junto a sus hijos. La familia conserva no solo la estética y el espíritu del almacén original, sino también las costumbres de siempre, resistiendo al paso del tiempo y al avance de la modernidad.

Pese a estar literalmente bordeado por la ruta, con un guardrail que lo aísla del camino, El Pato es un punto de encuentro elegido por viajeros, vecinos de pueblos cercanos y grupos de ciclistas o motoqueros que lo conocen como un clásico. Muchos llegan buscando sus legendarios sándwiches de matambre con queso o una picada, y se quedan por la calidez del lugar.

Amenazado hace años por un proyecto vial que casi lo hace desaparecer, el almacén fue declarado Edificio Histórico por ordenanza municipal. Hoy, sigue en pie como un verdadero símbolo de resistencia rural y memoria viva de la zona.

¿Cómo llegar?

Bioparque Minotauro – Ruta 2, Castelli

En el kilómetro 183 de la Ruta 2, el Parador Minotauro ofrece más que una simple parada técnica que tomarte un café o comer algo rico. Su bioparque alberga patos, flamencos y pavos reales en un entorno natural que invita al descanso y la contemplación. Con áreas de descanso, juegos y gastronomía, es ideal para estirar las piernas y recargar energías.

Lo que hoy es un verdadero oasis natural comenzó como una pequeña laguna, soñada como espacio de descanso y contacto con la naturaleza. Con el paso del tiempo, esa idea fue tomando forma hasta convertirse en el Bioparque Minotauro: un refugio para más de 140 aves y varias especies de peces, que hoy habitan en armonía este espacio creado con dedicación.

El parque ofrece un recorrido educativo para aprender sobre biodiversidad y conservación. Acompañado por guías especializados, es posible conocer de cerca a las especies que viven allí y las tareas que se realizan para protegerlas.

Uno de los grandes protagonistas es el lago artificial, hogar de distintas aves acuáticas —incluidas colonias naturales de patos que llegaron por su cuenta y decidieron quedarse— y estanques de carpas, ideales para observar, sacar fotos y relajarse junto al agua.

También hay un rincón especialmente diseñado para una gran colonia de flamencos. Gracias al trabajo de conservación, los flamencos se reproducen en un ambiente cuidado que permite observarlos de cerca y entender su rol en el equilibrio del ecosistema.

El Bioparque cuenta con habilitación de la Dirección de Flora y Fauna de la Provincia de Buenos Aires, que supervisa que las instalaciones respeten las condiciones necesarias para el bienestar de los animales.

Dato: abierto todo el año, 24 hs.

¿Cómo llegar?

La próxima escapada puede empezar por una pausa, por esa parada pendiente, por mirar con otros ojos eso que ya viste mil veces sin detenerte.

Porque a veces, lo mejor del viaje no está al final, sino justo en el camino.