Jeppener


El calor de la familia

Por Marianela Anderson de Siempre quise viajar de mochilera

Hace ya unos años, no recuerdo bien el por qué, empezaron mis viajes por el interior de la provincia de Buenos Aires, que un poco después fueron ganando más terreno. No se si fue previo o posterior al recorrido que hicimos aquel verano en Uruguay en el 2011, donde indudablemente mi cabeza hizo un click y entendí que lo mío no eran vacaciones, sino viajes. Y que los viajes, no eran cuestión de cruzar un río o un océano, sacar un pasaje o un boleto. Sino que ahí a pocos kilómetros de mi ciudad natal había un mundo lleno de historias que contar e imágenes que retratar.

No se si fue mi amor por la ruta, si porque me gusta manejar, si fue mi necesidad ferviente de desconectarme del caos que me rodea día a día, si por los recuerdos que me traen esos paisajes de riachuelos, vacas, ovejas, arroyos. Si fue por la fotografía y mi afán de ir en busca de nuevas experiencias e imágenes que captar, o qué. Pero ya pasaron varios años desde ese primer encuentro con los pueblos de Buenos Aires y acá sigo.

Así fue como un día, junto con un grupo de compañeros de fotografía llegamos (acá sí con la excusa de “salir a sacar fotos”) a Jeppener. No lo elegimos por nada en particular, salió seleccionado entre tantos otros que encontramos en el mapa. Supongo que por cercanía, quizás porque el nombre nos resultaba curioso. O quizás, porque el destino fue sabio y supo que ese era nuestro lugar.

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Jeppener es un pequeño pueblo, y como todo pequeño pueblo tiene un gran encanto. Sus calles de tierra, sus casitas, el silencio de un domingo de siesta, y la seguridad de moverte por sus calles sin nada que preocuparse.

Recorriendo sus calles nos llamó la atención un pequeño vivero, donde todo se pintaba de color verde. Algo hizo que no detuviéramos ahí. Cuando entramos nos recibió la dueña “Chela”, que nos contó un poco la historia de cómo llegó ahí y porqué había elegido quedarse. Mientras hablábamos fueron apareciendo los nietos que jugaban como uno lo solía hacer antes de la existencia «de la play», corrían y se escondían en cada rincón del lugar. Poco después apareció el marido, que se dispuso también a charlar con nosotros. Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos compartiendo un almuerzo familiar en una gran mesa. Nos invitaron así sin más a ser parte de un domingo en familia. Entre charlas, y risas, pasamos un día rodeado de gente linda y del cariño de hogar, que si bien no era nuestro, nos hicieron sentir parte de él.

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«Y es que la gente de pueblo, tiene ese no se qué…. gracias eternas Chela y flia!» 

Por Marianela Anderson

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Información útil:

¿Cómo llegar a Jeppener?

Desde Buenos Aires por RN 210 directo hasta Brandsen. Seguir por RP 29 unos 11 km hasta el acceso al pueblo de Jeppener, mano izquierda.


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